di mi nombre,
lustra tu lengua
chasquea con tu estilo.
Siente el humo
pesar tus pupilas,
que no resisten el desplomarse.
No trabes tus pies,
no cortes tus palabras
que aún siguen condenándote.
Sé que lo deseas,
cae como aquel fruto
de su árbol, ya muerto.
Dilo, solo dilo,
mi nombre,
que cada letra recorra tus labios
curtidos de pinturitas baratas.
No duermas más
en la curva del deseo,
aspira y exhala los detalles
que comienzan a sujetarte,
absorbiendo de apoco
las ambiciones tontas
que mamaste hasta ahora.
Arrodíllate en lo inevitable
de estrellarte con la simple
necesidad de susurrar,
mi nombre.
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